Como en cualquier cuento de princesas, empezaré este cuento así.....
Erase una vez una niña tan pequeña, como poderosa. Su nombre era Roberta, y era la hija del rey y la reina Ionescu. Vivían en un gran reino situado en Austria. Esta pequeña princesa tenía tan solo 12 años y su hermana mayor se llamaba Alexandra. Las dos se pasaban el día fuera. Perseguían mariposas, jugaban en el río, leían o se columpiaban. No iban a la escuela como todos los niños, sino que estudiaban en casa. Su padre quería enviarlas a una escuela más profesional, pero estaba muy lejos de su casa, justamente en París. Como su madre no estaba de acuerdo, se quedaron en casa.
Vivían en un gran castillo, uno de los más antiguos que existían, por lo que os podéis imaginar que día a día, Alex y Roberta, se encontraban con pasadizos secretos, cuartos ocultos, salidas escondidas, etc..
Cada noche, Roberta escuchaba las sorprendentes historias que le leía su hermana. Algunas como Cenicienta, Blanca Nieves, Bella Durmiente, La Sirenita, Bella y la Bestia, Yasmín y Tiana y el sapo. Alucinaba, ya que esas historias eran ciertas. Todas esas princesas eran antepasadas de otras grandes reinas.
Una noche, como muchas otras, Roberta no conseguía reconciliar el sueño. Salió a tomar un poco el aire por la puerta de su terraza. Una suave brisa atravesó su corto cabello, y en ese mismo instante observó lo que parecía ser una figura. Una dama que estaba paseando por el jardín real. Sospechando de que paseo no tramaba nada bueno, Roberta decidió seguir a esa misteriosa mujer. La siguió hasta un sitio bastante extrañó. Vio como la mujer se paraba delante de una gran roca, y esta se abría. La visita continuó hasta una cueva muy profunda, donde se encontró con mucho oro, diamantes y joyas preciosas. Enseguida, Roberta se dio cuenta de que ese lugar pertenecía a su padre. De hecho, lo oyó hablar muchas veces de un tesoro escondido en el reino. Por lo que dedujo que esa mujer debía de ser una ladrona. Se acercó un poco más a ella, pero como si fuera por arte de magia, esta desapareció, desvaneciéndose como un fantasma.
Roberta, tras ver aquello, salió de su escondite. Se acercó más para examinar aquel precioso lugar. Dudó en llamar a su hermana o no, así que siguió con su visita. Entre todas aquellas reliquias, Roberta se paró delante de una corona. Era una diadema preciosa, llena de diamantes y rubíes. Se la probó un instante, y se aproximó a un espejo situado en una pared de la cueva. De repente, sintió que no se podía separar de esa diadema, y se la llevó consigo a su aposento. No se la quitó ni para dormir. Sin darse cuenta, la corona emitió una brillante luz, y se llevó a Roberta por un tunel brillante y lleno de colores. Creyendo que eran sueños suyos, despertó. Se sentía un poco culpable por haberla cogido, y se puso delante de su espejo para mirarse por última vez antes de devolverla a su correspondiente lugar. Pero al mirarse observó algo totalmente fuera del lugar. Su imagen, la del espejo, se movía como si hubiera tomado otra vida, y acercó su mano a Roberta, como si quisiese que ella también pusiera su mano sobre la suya. Entonces esta, respondió a su movimiento, y puso su mano sobre la del espejo.
En ese mismo instante una fuerte luz se expandió por toda la habitación, y sin saber como, Roberta se encontraba en otro mundo totalmente diferente. Vio un reino bastante lúgubre, todo con espinas, humo, como si alguien malvado se hubiera apoderado de él. Observó un gran castillo, y alrededor, una gran muralla de grandes espinas. Se hizo sitio entre estas para poder pasar, y se adentró en el castillo. Subió a la torre más alta que pudo, y por el camino se encontró a mucha gente dormida. Habían personas tiradas al suelo por todas partes. Intentó despertar a varias de ellas, pero como el resultado fue negativo, continuó su camino. Se acercó a un dormitorio bastante grande, situado a la torre más alta del palacio. Allí se encontró con una bella dama que estaba sentada en su cama, probablemente durmiendo también. Y a un príncipe apuesto que se acercaba lentamente para besarla. No comprendiendo esto, preguntó:
- ¿Pero qué estáis haciendo?
- ¿Quién eres tu?- preguntó el príncipe...
- Soy la princesa Roberta.
- No te conozco.
- Yo tampoco a ti....
- ¿Y qué haces aquí?
- ¿Eso no te lo debería preguntar yo?
- Bueno yo he preguntado primero...
- Estoy intentando besar a la princesa Aurora para poder salvarla a ella y a todo su reino.
- ¡Qué cursi!
- Oye, ¿te importa?
- Un poco...sí....
- ¿Puedes irte por favor?
- Esta bien....
Y tras esto Roberta salió de la habitación. Tuvo una pelea bastante dura con la brujo malvada, a la que venció tirándola desde una torre...
Luego apareció en un bosque. Era bonito, pero un poco raro...Estuvo un tiempo bastante largo paseando por allí, hasta que se encontró con una pequeña casa....
- Anda, si parece mi casa de muñecas...
De pronto, una bella doncella salió de la casa...
- Hola, disculpe pero, ¿quién es usted? - preguntó esta.
- Soy la princesa Roberta, ¿y usted?
- Me llamo Blanca Nieves..
- Ahhh...ya te conozco...oye te tengo que advertir de una cosa...
- ¿De qué?
- Una bruja se está acercando aquí y quiere matarte...
- Oh...¡Por Dios!
- Pero puedes correr....
- Es verdad....¿podrías cuidar la casa de los enanitos, por favor?
- Por supuesto.
- ¡¡¡Muchas gracias...adiós....te lo agradezco tanto...!!!
- No hay de que...
Tras ver como Blanca Nieves salía corriendo por el bosque, Roberta entró en la casita. Tras media hora más o menos, le dio por comer la tarta de manzanas que había hecho Blanca Nieves. Y justo cuando quería descansar, alguien llamó a la puerta. Para su desgracia, se encontró a una fea viaja con una cesta llena de manzanas en la mano.
- Hola, pequeña.....¿está aquí Blanca Nieves?
- No...por qué..
- Es que venía a darle un dulce regalo...
- Imagino que no es usted.....
- Mmmm...no....son estas manzanas...
- Vale...pues no está....
- ¿Y sabes dónde está?
- N.P.I.
- ¿Qué significa eso querida?
- No importa....
- Bueno de acuerdo, le podrías dar una manzana cuando venga...
- Dudo que lo vaya a hacer pero...vale...
- Si quieres tu también puedes coger una...
- No me gustan las manzanas....
- Pero si están muy buenas...y mira que roja está esta...
Roberta cogió una manzana y mordió un trozito. Estaba tan asquerosa, que se la escupió a la bruja en la cara. Claro, luego llegaron los enanitos, y bueno ya sabéis el triste final de la malvada bruja....
Como si no hubiera sido suficiente, se despertó delante de un gran palacio. Al parecer se organizaba un gran baile. Sin tiempo a reaccionar, una joven mujer salió corriendo de allí. Al ver como corría y que esta se tropezó y se le cayó un pequeño zapato de cristal, se dio cuenta de que estaba en Cenicienta.
- Oye, tú, que se te ha caído un zapato...
Y Cenicienta contestó:
- Déjalo allí....- dijo corriendo.
- ¿Sabes?...¡normalmente se deja un número de teléfono, o la dirección de tu casa, al chico que quieres que te recuerde, no un zapato...!
Pero Cenicienta no oyó esto último, ya estaba demasiado lejos. Vio que un príncipe salía corriendo también del castillo..
- ¿Disculpe...Ha visto a una joven bella salir del castillo corriendo?
- Pues sí...la chiquilla sí que tenía prisas....
- ¿No te habrá dicho por casualidad dónde puedo encontrarla?
- No...Solo ha dejado este zapato de cristal, pero yo sé dónde vive...
Y tras darle la dirección de Cenicienta, continuó su visita por mundo mágicos....Pero esta vez cayó al mar...Se conoció con Ariel, la sirenita, y tuvo una charla no muy agradable con la gorda pulpo, que al parecer también era una bruja malvada....
Luego apareció por La Bella y la Bestia. Se hizo muy amiga de Bella, y en cuanto al la Bestia, bueno....lo llamó feo, fanfurriñas, y también le dijo que era la persona más irritable y de mal humor que conoció en toda su vida. Claro, este casi se la come de no haber estado allí la Bella...
Después se encontró en una alfombra voladora, que le causó una gran alergia porque la alfombra no estaba muy bien barrida. Y Aladín y Yasmín tuvo que llevarla al médico..¡Menuda noche!
Y por último, se despertó en una gran cocina, y lo peor es que una rana quería que la besase, para que se convirtiera en un apuesto príncipe...Obviamente, Roberta se negó completamente y casi mata a la rana y todo.....
En fin....no sé como, pero llegó a casa agotada....Esa misma noche devolvió la corona a la cueva, y no se lo contó a nadie...Su hermana seguía leyéndole cuentos, pero esta se dio cuenta de algo raro y le preguntó a Roberta...
- Oye, ¿se puede saber por qué aparece tu nombre en todos los cuentos de princesas?
- Ni idea...
- ¿Seguro....?
Pero finalmente se lo contó todo a Alexandra.
Desde entonces se supo que Roberta era la primera princesa que había vuelto al pasado, viajando por todos los cuentos de hadas.....
Y tendría que terminar este cuento diciendo "y vivieron felices y comieron perdices para siempre" ( o al revés no lo sé), pero es caso es que aquí no es que haya un gran final así que.....lo voy a terminar así....
Y siguieron viviendo con una vida de asco (ni buena ni mala, y lo de comer, pues bueno, es que no tenían hambre...así que....FIN....
Erase una vez una niña tan pequeña, como poderosa. Su nombre era Roberta, y era la hija del rey y la reina Ionescu. Vivían en un gran reino situado en Austria. Esta pequeña princesa tenía tan solo 12 años y su hermana mayor se llamaba Alexandra. Las dos se pasaban el día fuera. Perseguían mariposas, jugaban en el río, leían o se columpiaban. No iban a la escuela como todos los niños, sino que estudiaban en casa. Su padre quería enviarlas a una escuela más profesional, pero estaba muy lejos de su casa, justamente en París. Como su madre no estaba de acuerdo, se quedaron en casa.
Vivían en un gran castillo, uno de los más antiguos que existían, por lo que os podéis imaginar que día a día, Alex y Roberta, se encontraban con pasadizos secretos, cuartos ocultos, salidas escondidas, etc..
Cada noche, Roberta escuchaba las sorprendentes historias que le leía su hermana. Algunas como Cenicienta, Blanca Nieves, Bella Durmiente, La Sirenita, Bella y la Bestia, Yasmín y Tiana y el sapo. Alucinaba, ya que esas historias eran ciertas. Todas esas princesas eran antepasadas de otras grandes reinas.
Una noche, como muchas otras, Roberta no conseguía reconciliar el sueño. Salió a tomar un poco el aire por la puerta de su terraza. Una suave brisa atravesó su corto cabello, y en ese mismo instante observó lo que parecía ser una figura. Una dama que estaba paseando por el jardín real. Sospechando de que paseo no tramaba nada bueno, Roberta decidió seguir a esa misteriosa mujer. La siguió hasta un sitio bastante extrañó. Vio como la mujer se paraba delante de una gran roca, y esta se abría. La visita continuó hasta una cueva muy profunda, donde se encontró con mucho oro, diamantes y joyas preciosas. Enseguida, Roberta se dio cuenta de que ese lugar pertenecía a su padre. De hecho, lo oyó hablar muchas veces de un tesoro escondido en el reino. Por lo que dedujo que esa mujer debía de ser una ladrona. Se acercó un poco más a ella, pero como si fuera por arte de magia, esta desapareció, desvaneciéndose como un fantasma.
Roberta, tras ver aquello, salió de su escondite. Se acercó más para examinar aquel precioso lugar. Dudó en llamar a su hermana o no, así que siguió con su visita. Entre todas aquellas reliquias, Roberta se paró delante de una corona. Era una diadema preciosa, llena de diamantes y rubíes. Se la probó un instante, y se aproximó a un espejo situado en una pared de la cueva. De repente, sintió que no se podía separar de esa diadema, y se la llevó consigo a su aposento. No se la quitó ni para dormir. Sin darse cuenta, la corona emitió una brillante luz, y se llevó a Roberta por un tunel brillante y lleno de colores. Creyendo que eran sueños suyos, despertó. Se sentía un poco culpable por haberla cogido, y se puso delante de su espejo para mirarse por última vez antes de devolverla a su correspondiente lugar. Pero al mirarse observó algo totalmente fuera del lugar. Su imagen, la del espejo, se movía como si hubiera tomado otra vida, y acercó su mano a Roberta, como si quisiese que ella también pusiera su mano sobre la suya. Entonces esta, respondió a su movimiento, y puso su mano sobre la del espejo.
En ese mismo instante una fuerte luz se expandió por toda la habitación, y sin saber como, Roberta se encontraba en otro mundo totalmente diferente. Vio un reino bastante lúgubre, todo con espinas, humo, como si alguien malvado se hubiera apoderado de él. Observó un gran castillo, y alrededor, una gran muralla de grandes espinas. Se hizo sitio entre estas para poder pasar, y se adentró en el castillo. Subió a la torre más alta que pudo, y por el camino se encontró a mucha gente dormida. Habían personas tiradas al suelo por todas partes. Intentó despertar a varias de ellas, pero como el resultado fue negativo, continuó su camino. Se acercó a un dormitorio bastante grande, situado a la torre más alta del palacio. Allí se encontró con una bella dama que estaba sentada en su cama, probablemente durmiendo también. Y a un príncipe apuesto que se acercaba lentamente para besarla. No comprendiendo esto, preguntó:
- ¿Pero qué estáis haciendo?
- ¿Quién eres tu?- preguntó el príncipe...
- Soy la princesa Roberta.
- No te conozco.
- Yo tampoco a ti....
- ¿Y qué haces aquí?
- ¿Eso no te lo debería preguntar yo?
- Bueno yo he preguntado primero...
- Estoy intentando besar a la princesa Aurora para poder salvarla a ella y a todo su reino.
- ¡Qué cursi!
- Oye, ¿te importa?
- Un poco...sí....
- ¿Puedes irte por favor?
- Esta bien....
Y tras esto Roberta salió de la habitación. Tuvo una pelea bastante dura con la brujo malvada, a la que venció tirándola desde una torre...
Luego apareció en un bosque. Era bonito, pero un poco raro...Estuvo un tiempo bastante largo paseando por allí, hasta que se encontró con una pequeña casa....
- Anda, si parece mi casa de muñecas...
De pronto, una bella doncella salió de la casa...
- Hola, disculpe pero, ¿quién es usted? - preguntó esta.
- Soy la princesa Roberta, ¿y usted?
- Me llamo Blanca Nieves..
- Ahhh...ya te conozco...oye te tengo que advertir de una cosa...
- ¿De qué?
- Una bruja se está acercando aquí y quiere matarte...
- Oh...¡Por Dios!
- Pero puedes correr....
- Es verdad....¿podrías cuidar la casa de los enanitos, por favor?
- Por supuesto.
- ¡¡¡Muchas gracias...adiós....te lo agradezco tanto...!!!
- No hay de que...
Tras ver como Blanca Nieves salía corriendo por el bosque, Roberta entró en la casita. Tras media hora más o menos, le dio por comer la tarta de manzanas que había hecho Blanca Nieves. Y justo cuando quería descansar, alguien llamó a la puerta. Para su desgracia, se encontró a una fea viaja con una cesta llena de manzanas en la mano.
- Hola, pequeña.....¿está aquí Blanca Nieves?
- No...por qué..
- Es que venía a darle un dulce regalo...
- Imagino que no es usted.....
- Mmmm...no....son estas manzanas...
- Vale...pues no está....
- ¿Y sabes dónde está?
- N.P.I.
- ¿Qué significa eso querida?
- No importa....
- Bueno de acuerdo, le podrías dar una manzana cuando venga...
- Dudo que lo vaya a hacer pero...vale...
- Si quieres tu también puedes coger una...
- No me gustan las manzanas....
- Pero si están muy buenas...y mira que roja está esta...
Roberta cogió una manzana y mordió un trozito. Estaba tan asquerosa, que se la escupió a la bruja en la cara. Claro, luego llegaron los enanitos, y bueno ya sabéis el triste final de la malvada bruja....
Como si no hubiera sido suficiente, se despertó delante de un gran palacio. Al parecer se organizaba un gran baile. Sin tiempo a reaccionar, una joven mujer salió corriendo de allí. Al ver como corría y que esta se tropezó y se le cayó un pequeño zapato de cristal, se dio cuenta de que estaba en Cenicienta.
- Oye, tú, que se te ha caído un zapato...
Y Cenicienta contestó:
- Déjalo allí....- dijo corriendo.
- ¿Sabes?...¡normalmente se deja un número de teléfono, o la dirección de tu casa, al chico que quieres que te recuerde, no un zapato...!
Pero Cenicienta no oyó esto último, ya estaba demasiado lejos. Vio que un príncipe salía corriendo también del castillo..
- ¿Disculpe...Ha visto a una joven bella salir del castillo corriendo?
- Pues sí...la chiquilla sí que tenía prisas....
- ¿No te habrá dicho por casualidad dónde puedo encontrarla?
- No...Solo ha dejado este zapato de cristal, pero yo sé dónde vive...
Y tras darle la dirección de Cenicienta, continuó su visita por mundo mágicos....Pero esta vez cayó al mar...Se conoció con Ariel, la sirenita, y tuvo una charla no muy agradable con la gorda pulpo, que al parecer también era una bruja malvada....
Luego apareció por La Bella y la Bestia. Se hizo muy amiga de Bella, y en cuanto al la Bestia, bueno....lo llamó feo, fanfurriñas, y también le dijo que era la persona más irritable y de mal humor que conoció en toda su vida. Claro, este casi se la come de no haber estado allí la Bella...
Después se encontró en una alfombra voladora, que le causó una gran alergia porque la alfombra no estaba muy bien barrida. Y Aladín y Yasmín tuvo que llevarla al médico..¡Menuda noche!
Y por último, se despertó en una gran cocina, y lo peor es que una rana quería que la besase, para que se convirtiera en un apuesto príncipe...Obviamente, Roberta se negó completamente y casi mata a la rana y todo.....
En fin....no sé como, pero llegó a casa agotada....Esa misma noche devolvió la corona a la cueva, y no se lo contó a nadie...Su hermana seguía leyéndole cuentos, pero esta se dio cuenta de algo raro y le preguntó a Roberta...
- Oye, ¿se puede saber por qué aparece tu nombre en todos los cuentos de princesas?
- Ni idea...
- ¿Seguro....?
Pero finalmente se lo contó todo a Alexandra.
Desde entonces se supo que Roberta era la primera princesa que había vuelto al pasado, viajando por todos los cuentos de hadas.....
Y tendría que terminar este cuento diciendo "y vivieron felices y comieron perdices para siempre" ( o al revés no lo sé), pero es caso es que aquí no es que haya un gran final así que.....lo voy a terminar así....
Y siguieron viviendo con una vida de asco (ni buena ni mala, y lo de comer, pues bueno, es que no tenían hambre...así que....FIN....
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